El 3 de septiembre de 2009, Michael Jackson fue sepultado en el cementerio Forest Lawn Memorial Park de Glendale, California.
La ceremonia para despedirlo fue privada con acceso únicamente para familiares y amigos cercanos del Rey del Pop.
Jackson había fallecido el 25 de junio pero su entierro se retrasó debido a las investigaciones policiales alrededor de su muerte.

El cuerpo del cantante fue sepultado con uno de los trajes que solía usar en sus actuaciones, el rostro maquillado y guantes blancos en sus manos. Dentro del féretro se colocaron notas que sus tres hijos habían escrito para él.
El día anterior al sepelio una multitud de fans se reunió para homenajearlo en el Staple Center, estadio de Los Angeles Lakers, donde había ensayado apenas 24 horas antes de su muerte. Ese día, al regresar a su casa solicitó a su médico de cabecera le suministrara Propofol, un anestésico que utilizaba debido a lesiones previas. Conrad Murray se negó y Michael decidió autosuministrarse Valium, Lorazepam, Versed y Ativán.
Al día siguiente, al ver que Jackson no había conciliado el sueño, Murray accedió a proporcionarle el Propofol, sin embargo el coctel resultó fatal y desencadenó la muerte del músico.
Más tarde se darían a conocer los resultados de la autopsia: tenía el cuerpo devastado por las cirugías estéticas, los medicamentos y la anorexia. Su estómago contenía pastillas parcialmente disueltas y prácticamente nada de comida. La cadera, los muslos y hombros tenían marcas de pinchazos de inyecciones. Los labios estaban tatuados de color rosa, sus cejas no tenían cabello sino tatuajes negros, la parte delantera de su cuero cabelludo también estaba cubierta por un tatuaje para disimular la calvicie. Su pelo era en realidad una peluca que llevaba pegada a su cabeza casi calva.
Murray, más tarde fue declarado culpable de homicidio involuntario por la administración de Propofol.