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En la costa oeste de Tasmania, Australia, el hallazgo del cuerpo de un pez remo sorprendió tanto a especialistas como a residentes locales.

Se trata de una criatura marina poco conocida, envuelta en misterio y superstición, que muchos apodan como el famoso “pez del fin del mundo”.

El pez remo es uno de los animales más extraños del océano. Vive en aguas extremadamente profundas, lejos del alcance humano, y puede alcanzar longitudes impresionantes: algunos ejemplares superan los 8 metros, convirtiéndolo en uno de los peces óseos más largos del planeta. Por esta razón, encontrarlo tan cerca de la orilla es un evento poco común que despierta curiosidad y, para algunos, temor.

Más allá de su apariencia alargada y casi serpentina, este pez ha sido protagonista de leyendas durante siglos. En varias culturas se le ha relacionado con desastres naturales, especialmente en Japón, donde recibe el nombre de Ryugu no Tsukai, que significa “Mensajero del Palacio del Dios del Mar”.

Según creencias tradicionales japonesas, cuando el pez remo emerge a la superficie, podría estar anunciando terremotos o tsunamis inminentes. Esta superstición está ligada a la leyenda de Namazu, un gigantesco bagre mitológico que habita bajo la tierra y provoca sismos al agitarse. En este relato, el pez remo sería el encargado de subir desde las profundidades para advertir que Namazu está a punto de moverse.

Debido a estas historias, el animal se ganó el apodo popular de “pez del Apocalipsis” o “del fin del mundo”. Su fama se intensificó especialmente después del devastador tsunami de 2011 en Japón, ya que algunos aseguraron haber visto ejemplares poco antes del desastre, reforzando el misticismo en el imaginario colectivo.

Sin embargo, la ciencia ofrece una explicación mucho más racional. Estudios realizados en Japón no han encontrado evidencia real que conecte los avistamientos del pez remo con actividad sísmica o catástrofes naturales.

Especialistas en vida marina señalan que estos peces suelen aparecer en la superficie cuando están enfermos, desorientados o gravemente heridos, como podría haber ocurrido en el caso de Tasmania. Factores como cambios en la temperatura del mar, alteraciones en las corrientes oceánicas o lesiones internas pueden obligarlos a abandonar su hábitat natural.

Así, aunque su presencia siga alimentando leyendas, el pez remo continúa siendo, más que un presagio, un recordatorio del misterio que aún esconden las profundidades del océano.